Es mirarte a los ojos, escuchar el silencio y que eso sea suficiente.
Siento como nunca antes había sentido y te extraño por anticipado cuando estás al lado mío.
Es el miedo constante, el nudo en la garganta, el mundo en mi ventana.
A que de repente no me mires como lo solés hacer.
Ahora, todo es más fácil.
Ya no cuesta tanto la sonrisa en cualquier momento del día.
Ya el llanto no es pecado sino una bendición.
En tus besos. El universo.
Y hoy, más que nunca, puedo decir que las palabras son corazas vacías repletas de sentimientos.
= aunque sea para incordiar =
24 ago 2010
27 jun 2010
21.06.2010
Dicen,
Que cuando la pluma no encuentra palabras,
Que cuando el pincel no encuentra su trazo,
Que cuando las notas no encuentran su orden
Entonces, nada de eso, nada de ese arte hace falta.
(Lo confieso: me he quedado sin palabras, las he perdido.
Sin embargo, encuentro desesperadamente necesario escribir)
Pero,
Cuando no haya más que escribir
Cuando no haya más que pintar
Cuando no haya más que componer,
Entonces, sólo entonces, sabré qué decir.
Y elegiré callar.
Que cuando la pluma no encuentra palabras,
Que cuando el pincel no encuentra su trazo,
Que cuando las notas no encuentran su orden
Entonces, nada de eso, nada de ese arte hace falta.
(Lo confieso: me he quedado sin palabras, las he perdido.
Sin embargo, encuentro desesperadamente necesario escribir)
Pero,
Cuando no haya más que escribir
Cuando no haya más que pintar
Cuando no haya más que componer,
Entonces, sólo entonces, sabré qué decir.
Y elegiré callar.
25 may 2010
Es ir y venir, entre la tristeza y la alegría, lo pésimo y lo óptimo, los siempre y los nunca.
¿Para qué correr?
¿Hacia dónde voy?
Necesito un tiempo
Necesito tiempo para mí
¿Hacia dónde voy?
¿Voy? ¿Vengo?
¿Ya llegué?
¿O nunca llegaré?
¿Hay que llegar?
¿O hay que permanecer?
¿Hay que llenar o hay que resplandecer?
La transmisión es insuficiente.
El significado se pierde en cada palabra, en cada letra, en cada signo, en-canta-dos.
Si tan sólo pudiera expresar, realmente expresar, desnudos, mis sentimientos. Ese juego de hormonas, de sustancias orgánicas, ese espíritu inquieto que rezonga en mi alma. Si tan sólo pudiera decir que yo no quiero, que yo no pienso, que yo no debo.
.
Si el ritmo del mundo se vuelve lento, ¿yo seguiré igual? Si el ritmo se acelera, ¿quién lo parará? El cuerpo no está sano, la mente está insana, y yo, insisto en no hacer ejercicio ni en leer un maldito libro. ¿Qué quedará de mi en unos años? ¿Que será de mí?
Los espacios también hablan.
Y eso, que nadie los entiende.
¿Qué es más entendible? ¿Una teoría sociológica, un beso o una poesía?
¿Muchas películas de locos? ¿O sólo afinidad por el reflejo?
Más preguntas que respuestas tengo, siempre salí perdiendo de la puerta del infierno.
.
.
.
.
.
.
Y, oportuna, la canción.
¿Para qué correr?
¿Hacia dónde voy?
Necesito un tiempo
Necesito tiempo para mí
¿Hacia dónde voy?
¿Voy? ¿Vengo?
¿Ya llegué?
¿O nunca llegaré?
¿Hay que llegar?
¿O hay que permanecer?
¿Hay que llenar o hay que resplandecer?
La transmisión es insuficiente.
El significado se pierde en cada palabra, en cada letra, en cada signo, en-canta-dos.
Si tan sólo pudiera expresar, realmente expresar, desnudos, mis sentimientos. Ese juego de hormonas, de sustancias orgánicas, ese espíritu inquieto que rezonga en mi alma. Si tan sólo pudiera decir que yo no quiero, que yo no pienso, que yo no debo.
.
Si el ritmo del mundo se vuelve lento, ¿yo seguiré igual? Si el ritmo se acelera, ¿quién lo parará? El cuerpo no está sano, la mente está insana, y yo, insisto en no hacer ejercicio ni en leer un maldito libro. ¿Qué quedará de mi en unos años? ¿Que será de mí?
Los espacios también hablan.
Y eso, que nadie los entiende.
¿Qué es más entendible? ¿Una teoría sociológica, un beso o una poesía?
¿Muchas películas de locos? ¿O sólo afinidad por el reflejo?
Más preguntas que respuestas tengo, siempre salí perdiendo de la puerta del infierno.
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.
.
Y, oportuna, la canción.
22 abr 2010
23.04.10
Que ellos se sientan originales, únicos, que lo son.
Que se depriman y que resurjan de sus cenizas a cada sol.
Dejemos a los artistas con su arte, que lo agrandan y lo mezclan con la vida.
(Qué placer es dar espacio porque después se recibe mucho más que eso y en creces.)
Dejemos, decía, a los artistas con su arte, que es lo que me mejor hacen. Transforman en arte a lo que sea. De lo que sea hacen arte. Las miradas, las palabras, las caricias, los enojos. Los perfumes, los silencios, las vidrieras, los cerrojos.
Dejemos a los artistas con su arte y levantemos el corazón, que lo tenemos levantado hacia el amor.
Dejémoslos, solos, que al segundo correrán hacia nuestros brazos y se acurrucarán, aunque no lo necesiten en verdad. Porque saben que más lo necesitamos nosotros.
El correr del tiempo se hace arte, en los dedos de un artista, pero no ese arte de diccionario, de definición. Sino un arte de vísceras, de lágrimas, de tripa y de corazón.
Dejemos a los artistas, vulnerables criaturas del deseo, libres de toda culpa.
Dejémoslos dormir sin frazada, o, al menos, con un pie fuera ella. Que no son los merecedores de ningún apedreo, que son sólo los bastardos de este siglo sin sueños.
Dejemos jugar a los artistas, sí, digámoslo, con nuestros sentimientos. Después de unos zarpazos de garra grande, los rasguños ya no duelen y son el mejor bálsamo para un ave aunque no vuele.
Y no cuenten los segundos en el fondo de sus labios, y no amarren sus cometas en el fondo del jardín. No cuestionen sus silencios y persigan la razón.
Arte de hartazgo.
Arte de amar.
Arte de locos.
Locos de atar.
Que se depriman y que resurjan de sus cenizas a cada sol.
Dejemos a los artistas con su arte, que lo agrandan y lo mezclan con la vida.
(Qué placer es dar espacio porque después se recibe mucho más que eso y en creces.)
Dejemos, decía, a los artistas con su arte, que es lo que me mejor hacen. Transforman en arte a lo que sea. De lo que sea hacen arte. Las miradas, las palabras, las caricias, los enojos. Los perfumes, los silencios, las vidrieras, los cerrojos.
Dejemos a los artistas con su arte y levantemos el corazón, que lo tenemos levantado hacia el amor.
Dejémoslos, solos, que al segundo correrán hacia nuestros brazos y se acurrucarán, aunque no lo necesiten en verdad. Porque saben que más lo necesitamos nosotros.
El correr del tiempo se hace arte, en los dedos de un artista, pero no ese arte de diccionario, de definición. Sino un arte de vísceras, de lágrimas, de tripa y de corazón.
Dejemos a los artistas, vulnerables criaturas del deseo, libres de toda culpa.
Dejémoslos dormir sin frazada, o, al menos, con un pie fuera ella. Que no son los merecedores de ningún apedreo, que son sólo los bastardos de este siglo sin sueños.
Dejemos jugar a los artistas, sí, digámoslo, con nuestros sentimientos. Después de unos zarpazos de garra grande, los rasguños ya no duelen y son el mejor bálsamo para un ave aunque no vuele.
Y no cuenten los segundos en el fondo de sus labios, y no amarren sus cometas en el fondo del jardín. No cuestionen sus silencios y persigan la razón.
Arte de hartazgo.
Arte de amar.
Arte de locos.
Locos de atar.
17 feb 2010
15.02.2010
Es el insomnio una cultura inspiradora. Es un momento de epifanía natural. Son horas y horas en los que uno entiende el valor de las lagañas matinales. Los sentidos pierden (o ganan) eficiencia, porque todo es como una nube de tormenta y sólo lo cercano a los ojos nos contenta.
Es el insomnio la frustración. Aunque de la mente humana la mayor expresión.
No existe cucharita que apague el rum-rum. No hay vaso de leche tibia, ni ansiolítico, ni canción.
Cuando me encuentro sorprendida por una mirada perdida me duele la voz. Mis palabras rebotan y no son comprendidas. La no respuesta es la única explicación. Es que no hay nada más que decir cuando uno está tan lejos, cuando no queda nada más por decir, la solución es el silencio.
Es el insomnio la frustración. Aunque de la mente humana la mayor expresión.
No existe cucharita que apague el rum-rum. No hay vaso de leche tibia, ni ansiolítico, ni canción.
Cuando me encuentro sorprendida por una mirada perdida me duele la voz. Mis palabras rebotan y no son comprendidas. La no respuesta es la única explicación. Es que no hay nada más que decir cuando uno está tan lejos, cuando no queda nada más por decir, la solución es el silencio.
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