= aunque sea para incordiar =

4 may. 2008

Sinopsis

Sebastián Juarez prefiere los ojos que las bocas. Tiene 24 años, manos fuertes y no tiene pelo largo. Su vida, al igual que la de la mayoría de los seres humanos, empezó un día determinado, a una hora determinada, después de un parto determinado. El mismo día que somos concebidos, comenzamos a morir. Estamos en una carrera contra el tiempo para llenar expectativas propias y ajenas, donde uno está educado para no mirar atrás.

Sebastián conocerá el riesgo de despertar cada día a sabiendas que los demás esperan algo de él. Lo aborrece. En un sol específico, se da cuenta que él espera mucho más de los otros que ellos de él. Es ahí cuando se hace inmortal.

Oídos sordos a palabras necias

Admiro todas y cada una de las notas musicales.
Bendita sea la infinitud por compactarse en universo.
Calumnias son las que prefieren los de adentro.
Deleitémosnos con los labios de los hombres y las caderas ajenas.
El catéter del dolor se inserta en la aurícula derecha del cuore.
Fuimos, en algún tiempo, cercanos.
Gotas tempranas y tardías siempre van a desembocar en mi ser.
Historias de sal, de cal, de mal, ruedan en mi mente cada amanecer.
Jaulas de normas nos limitan a la hora de amar.
Kilómetros de sueños se nos enredan al hablar.
Lás lágrimas son sangre y de repente, todo vuelve a ser mentira.
Mueren poetas, noche a noche, en la actualidad.
Nadie nos quema las manos por otro.


- la Ñ me la reservo para mí,

porque tiene electricidad reposando sobre ella -

Oponerse a trifulcas necesariamente conlleva arañazos.
Puertas cerradas, ventanas abiertas, que el aire y la lluvia entren nomás.
Respuestas no busco, pero insisto en cuestionar.
Son pocas las personas que inspiran humanidad.
Temor de equivocarme a que algunas frases se infiltren en mis muñecas.
Una y otra vez comprendo la misma lección, pero no la llevo a cabo.
Vaivenes del presente al pasado y visceversa me maltratan mi futuro.
Wannabes sobran.
Xilofones brillan en los rayos del sol cuando no hay desprecio.
Ya prefiero existir que creer.
Zapatos sucios y haraposos, pero que rebalsan de orgullos.