= aunque sea para incordiar =

17 ene. 2009

Ni la noche es nuestra amiga con este calor hediondo. Los dedos húmedos, los manos pegajosas, los labios acartonados. Hasta las palabras pesan más. Ahora, con tan sólo una gota de agua, cristalina transparencia de una brisa, recorremos el cuerpo, recorremos la mente, recorremos.

Se abren caminos, esperablemente extraños, en donde la sorpresa de encontrarse desde el fondo es muy grata. La sorpresa de redescubrir cosas que ya se habían descubierto. Notar la ausencia de frío, adueñarse de un perfume ajeno, estirar las piernas en el colectivo, desafiar al humor con un nuevo sentido, tartamudear si es necesario y tener miedo. Mucho miedo.