= aunque sea para incordiar =

25 may. 2008

Ballenas

La cálida voz la envuelve hasta el más recóndito rincón de su transpirado cuerpo. La desarma, la enfrenta, la suaviza tiernamente. Entre tanto, ella mira, observa, contempla, ancla sus furias y resuelve. Todo en un mismo instante de calor.
Lo que daría por sentir esos labios extranjeros de ambiguos orígenes y tranformarlos en algo no tan extraño para su boca, para su lengua, para sus sentidos. La respuesta a su pregunta cotidiana, esa que ensordece sus noches, está en la infinita elegancia de sus ojos. De su torso.
Poco y nada se entrecurzan, pero fue suficiente para saber y reconocer a un fugaz atleta de idiomas de juego. Aunque se especialice en imágenes. El poder de convencer con la postura, de infiltrarse entre las gentes y evitarse hasta desaparecer con inseguridad. Todos, absolutamente todos, no lo ven, están distraídos.
Ella repasa que siente y taladra en lugar de reflejar y lo destaca entre la muchedumbre ya que por si sólo no se quiere destacar.

Desde siempre, como siempre, el indiscreto séptimo sentido (que está entre la pelvis, el estómago, el corazón y la mente) se sobresalta. Cada ocasión un poco más. La conclusión es simple: ella debería mirarlo a los labios.