= aunque sea para incordiar =

29 sep. 2008

Cumpleaños Feliz

Era mi cumpleaños número seis y mis padres habían decidido que iríamos a comprarme ropa como regalo. Ni fiesta, ni amigos, ni almuerzo, ni globos: ropa. Caminamos cuadras y cuadras hasta que nos detuvimos en la puerta de un imponente edificio, con luces llamativas y una puerta que parecía humana, porque cada vez que se acercaba una persona, la puerta se abría dejando el paso libre sin necesidad de girar ningún picaporte. Magia. Me paré frente a ella y, expectante, esperé a que me dejara pasar.

Primero pasó mi padre, luego mi madre y finalmente yo, con mi mochila a cuadritos blancos y azules. Mis padres se sumergieron en un mundo frívolo y distante. Ambos circulaban separados con la vista en blanco dirigida hacia distintos vidrios que contenían personas que no se movían pero vestían ropa.

De repente, mamá me llama y me señala una de esas personas, pero chiquitita, muy parecida a mí, con un solerito blanco con puntillas. Me acerco al vidrio, apoyo la mano, dejo los dedos bien marcados, y pienso qué bien quedaría ese solerito en mí. Sin embargo, cuando estoy por decirle a mi madre que lo quiero, que ése debe ser mi regalo de cumpleaños, mi boca no se mueve, mi voz no se escucha, mi garganta no funciona, mi cuerpo no responde y un vidrio me enceguece los ojos mientras la veo fundirse entre la multitud.

Estoy del otro lado y veo a una niña que quiere el solerito que llevo puesto.
"En el proceso creativo tienen mucho valor esas asociaciones incongruentes que en la vida diaria se desechan."


No creo haber desechado ninguna.