= aunque sea para incordiar =

21 abr. 2011

Abre, lentamente, un ojo. Okey, piensa, ahora el otro. Siente su respiración, lenta, incorporándose a la vigilia. Tiene ambos ojos abiertos, mirando definitivamente al techo. Sabe, que aunque lo mire mucho, el techo no se va a mover, entonces, decide moverse el. Con un movimiento brusco, sorpresivo, gira la cabeza hacia su izquierda. Y ahí la ve: mujer. El pelo enmarañado la hace mas hermosa, como siempre. Su silueta acaricia la sabana revuelta. El la toca y ella refunfuña. Como siempre. El, cansado, suspira. No insiste. Otra vez lo mismo.Vuelve al techo. El techo es blanco, el techo tiene agujeros. El techo esta tan lejos. Se acuerda de esa canción que dice “miro al techo y en el techo no hay nada” y la entiende mas que nunca. Esta entre el techo y la mujer y desea estar entre la espada y la pared.
Siempre uno empieza con la hoja en blanco. Hasta que escribe el primer trazo. Eso es lo que mas cuesta. Es el miedo, el pavor, a empezar. Pero luego, todo corre con la tinta. Corren las palabras, y con ellas, los sentimientos. Y asi van, jugueteando unas con otras las comas, seduciéndose casi hasta tocarse los dos puntos y marginándose mas que nunca los puntos y aparte. Sin embargo, en algun momento, el parrafo debe terminar. Eso todos lo saben.